
CONTRAVOZ
Llegó el 2012 *
Por Gonzalo Himiob Santomé
Comienzo deseándoles, en esta mi primera entrega del año, a todos mis estimados lectores un año pleno de alegrías, de logros y sobre todo, de paz. No será, sin dudas, un año sencillo, al menos no en nuestro país, y casi podríamos decir, si nos ponemos apocalípticos y exagerados, que los cambios y situaciones que se avecinan en 2012 en nuestras tierras se igualan, ya en el campo de la realidad -que no en los predios de la superstición o de la ficción- a las predicciones Mayas para este año o a las hecatombes de la película homónima de M. Night Shyamalan.
Es un año electoral, y en consecuencia, aún cuando nuestras condiciones fuesen las más normales posibles, que no lo son, ello en sí mismo representa al menos posibilidades de cambio social que hasta al más plantado, esté en el bando en el que esté, deben hacerle por lo menos subir la guardia. Pero además no es cualquier año electoral: Es el primero en más de trece años en el que los continuos desmanes y tropelías del gobierno, que actúa ahora como el púgil que se sabe amenazado por su propia sombra, le han puesto realmente en jaque, como lo revelan todas las encuestas serias. Chávez no sólo enfrenta y se apresta a pagar -que la pagará en votos, ya se verá- la factura de su ineficiencia comprobada en los ámbitos más sensibles de su mal desempeño, sino además combate personalmente y en solitario contra los demonios que ya se le manifestaron de su propia y humana condición de mortal. Su cáncer, del que nadie termina de saber nada a ciencia cierta, sigue allí, callado pero omnipresente, y sólo el presidente conoce de sus verdaderos alcances y de las consecuencias, para él y para el país, que del mismo se pueden esperar para este año.
También es el primer año electoral en el que, para una contienda política de esta magnitud (no ocurrió así en el 2006, ni en el 2004) la oposición suma a lo anterior una unidad, al menos la que se evidencia a los fines netamente electorales, muy bien consolidada. Todo esto más allá de las críticas, válidas casi todas, que se puedan hacer sobre algunos aspectos de lo que ha sido el trabajo de la MUD y sobre todo, de lo que representa, y de lo mucho que desalienta, la postura cambiante de algunos políticos opositores, que como ya lo he denunciado antes, no quieren honrar su palabra antes empeñada quedándose en los cargos que tanto nos costaron y para los que fueron elegidos, y ahora se muestran como “hombres orquesta” que pueden estar en un lado en o en otro, tocando uno u otro instrumento, sólo porque así es de su conveniencia personal o porque así es del interés de sus partidos; los mismos que ahora parecen jugar al mismo juego oficialista, cerrándole el paso a otras opciones más frescas e igualmente capaces, y moviendo las mismas fichas gastadas de un lado para otro en un tablero en el que al parecer, tanto para los chavistas como para algunos opositores, sólo se debe permitir jugar a los mismos peones de siempre, lo hayan hecho bien o no.
Otros enemigos silentes, pero devastadores, tendremos que enfrentar en el año que se nos encima. El primero de ellos se refleja en las angustias que todos sentimos y sentiremos por la galopante inseguridad. El 2011 cerró con la aterradora cifra, según el respetable trabajo del “Observatorio de la Violencia” de 19.366 asesinados, con récord en las muertes violentas en nuestras cárceles y con cifras de secuestros –digo, de los que se denuncian y no se quedan en la “cifra negra” de la criminalidad- que superaron las de todos los años anteriores.
Otro enemigo se padece y se padecerá en el desempleo, que seguirá abultando sus porcentajes pese a los maquillajes con que se le adorne, y aunque se siga con los continuos decretos inamovilidad obtusa o con el incremento inconsulto y arbitrario del salario mínimo, medidas éstas que no hacen más que destruir las posibilidades de desarrollo empresarial, el único factor que en realidad genera empleos rentables. El desempleo además seguirá como va mientras sigamos espantando a sombrerazos (a “boinazos”, para mejor decir) a la inversión extranjera, y se verá favorecido por el excesivo paternalismo estatal, que ahora hasta ha decretado que para ganar algo de dinero lo único que le hace falta a nuestras adolescentes es salir preñadas, que no educarse o trabajar como Dios manda.
Sumémosle a la ecuación que la inflación general que se anticipa para este año rondará un exorbitante y aterrador 36% según los que sí saben de estos temas –no hablo, por supuesto, ni de Merentes ni de Giordani- y que en rublos como el alimentario la inflación sencillamente “descoserá la lona” de lo elevada que será. No hay que ser profeta Maya ni tener las dotes de Nostradamus, además, para darse cuenta de que para las elecciones y sus derroches, el gobierno necesitará liquidez por lo que, le guste o no, lo más seguro es que amanezcamos un día de estos con una devaluación “sorpresa” que lo encarezca todo, con algún incremento apresurado del IVA o con el reestablecimiento del Impuesto al Débito Bancario o a las Transacciones Financieras. Con todo y las consecuencias para nuestros bolsillos que de esto cabe esperar.
Y lo peor es que Chávez no rectifica. No sólo no asume con seriedad los problemas que antes he mencionado sino que además sigue “sordo, ciego y mudo”, como los monitos de Toshogu, a los clamores de la ciudadanía. Tuvo (y aún tiene) la posibilidad este pasado diciembre de anotarse un contundente éxito político al decretar, como se le pidió de buena fe, la Amnistía General a favor de los presos, perseguidos y exiliados políticos. Pero la dejó pasar, seguramente asesorado por sus radicales. Se dejó llevar por los mismos ciegos que confían en la “inmortalidad” de el proceso y en las encuestas de Jesse Chacón, y que no vieron que ésta hubiese sido un importantísimo primer paso no sólo hacia la reconciliación nacional, sino además hacia la conquista de muchos indecisos, los llamados “ninís”, que representan un importante sector electoral, y que a falta de gestos concretos y palpables de seducción política de un bando o del otro, aún prefieren seguir ocupados en su supervivencia y sin creer en nada y en nadie.
La cosa se centra entonces en cómo debemos asumir lo que se nos avecina. Lo primero que debemos exigir de quienes aspiran a regir nuestros destinos coherencia y sobre todo, verdad. No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero me cansa un poco escuchar de algunos de los precandidatos cuentos sobre lo que vendrá que más se parecen a historias de hadas y princesas felices que a lo que realmente nos espera. Inflar las expectativas de quienes les seguimos, haciéndonos creer que todo será color de rosa, no es el camino adecuado para garantizarse el apoyo que se necesita para sortear los obstáculos que, seguramente, tendremos que sortear. Lo segundo, tiene que ver con nosotros mismos. Este será un año duro y complicado, y por eso es que, más que colgar nuestras esperanzas de los hombros de nadie, es a nosotros mismos como personas, como individuos, a los que nos tocará sacar de dónde las tengamos la fuerza y la entereza, pero sobre todo la prudencia y la constancia, necesarias para lograr los cambios que queremos lograr.
*Publicado en el Diario "La Voz" el 08/01/12


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada